Tuesday, January 27, 2009

OBEDEZCAMOS A DIOS SIN EXCUSAS


La lectura de hoy es bastante amplia. Se encuentra en Exodo capítulos 6 al 8 y habla del trato que Dios tuvo con Moisés. A pesar que Dios lo había llamado y le había mostrado Sus maravillosos prodigios, Moisés no quería muy bien cumplir con la misión divina. La Biblia nos dice que ya él había ido ante los israelitas, pero estos no le creyeron debido a su desánimo y tristeza. Es entonces que Moisés le dijo a Dios, “¿Y cómo va a hacerme caso el faraón, si ni siquiera los israelitas me creen?” Dios le dijo a Moisés que lo había puesto como Dios ante el faraón. Y hasta le dio por profeta a su hermano Aarón. Todavía así, Moisés no quiso comprender. Finalmente, para convencerlo, Dios comenzó a manifestar Su extraordinario poder enviando plagas contra los egipcios.


Es tiempo de hacer caso al llamado de Dios sobre nuestras vidas y dejar de inventar excusas inservibles. Dios es sumamente paciente, pero es necesario que le obedezcamos ya. No hay tiempo que perder. Vayamos y veamos las grandes maravillas que Dios ha de hacer cuando le obedezcamos.

DEJEMOS A UN LADO LAS EXCUSAS


La lectura de hoy se encuentra en Exodo 3. Nos habla de la historia de Dios llamando a Moisés a la misión mas extraordinaria y riesgosa de su vida. La Biblia dice que Moisés se dedicó a cuidar las ovejas de su suegro Jetro. ¡Qué increíble es pensar que después de haber estudiado en las más prominentes escuelas de aquel entonces, Moisés se rebajó a sí mismo para ser un simple cuidador de animales! Pero Dios siempre tiene planes diferentes para sus hijos.


Estando Moisés en sus ocupaciones acostumbradas y en lugares bien conocidos, Dios se manifestó ante él y le habló. Le dijo acerca del clamor del pueblo que había sido esclavizado en Egipto. Y le explicó que él había sido elegido para ir y hacerlos libres. Pero Moisés comenzó a poner excusas por las cuales el no era el más indicado para llevar a cabo esta tarea.


Primero, Moisés cuestionó sus propias limitaciones, “¿Quién soy yo?” Lo impactante es la respuesta divina, “Yo estaré contigo.” ¿Se da cuenta? Dios nunca hará grandes cosas porque nosotros las podamos hacer. El siempre hará lo imposible a través de personas insignificantes e imposibilitadas para que nadie presuma de nada sino únicamente del poder maravilloso de Dios.


Segundo, Moisés preguntó por el nombre de Dios para decirle a los israelitas quién le había enviado. Dios le dijo que El era, “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Sin duda que esta generación no había experimentado los maravilloso prodigios divinos. Pero habían oído hablar de todo y cuanto El había hecho pos los antepasados tan respetados y admirados de este pueblo.


Hoy en día, usted y yo debemos oír la voz de Dios que nos manda trabajar en Su obra. Y debiéramos obedecer sin poner excusas. Es normal pensar, “Pero, ¿por qué yo? No tengo educación ni experiencia. No sé cómo hacer esto.” Sin embargo Dios nos responderá que El está con nosotros. Y eso es más que suficiente para obedecerle, confiando que El nos dará la victoria. No solo eso, sino que además, recordemos que el mismo Dios que hizo maravillas y grandes milagros con nuestros antepasados es el mismo que hoy nos llama a servirle. Lo imposible lo hará El mientras nosotros nos dejemos usar como simples instrumentos.


Dejémonos ya de excusas y sirvamos a Dios en el 2009 con todo nuestro corazón.

Monday, January 26, 2009

PADRES INTREPIDOS


En Exodo 2:1-10 se nos habla acerca de la historia de unos padres muy valientes. Estas personas fueron caracterizadas por su intrépida acción. El faraón de aquel entonces había establecido que todo hijo varón que naciera en el pueblo de Israel debía ser echado al río para que muriera. Esto lo hizo ya que los hebreos, “…más se multiplicaban y se extendían, de modo que los egipcios llegaron a tenerles miedo…”


La Biblia dice que estos padres escondieron a ese niño durante los primeros tres meses. ¿Se puede usted imaginar tratando de ocultar a un bebe por los tres primeros meses después de nacido? ¡Sería imposible! Uno nunca sabe cuándo el bebe va a llorar de hambre o de malestar. Pero aún así estos padres lo protegieron. Y cuando ya no lo pudieron ocultar, decidieron ponerlo en una canasta dentro del río y esperar en Dios para ver qué sucedería. Mientras la canasta avanzaba, la hermana mayor del niño le seguía la pista para ver dónde llegaría.


Dios honró la determinación de estos padres ya que aquel mismo día la hija del faraón se encontraba bañando en el río. Al ver la canasta, ordenó a una de sus esclavas que fuera por ella y cuando la abrió, vio que dentro estaba el niño. La hija del faraón fue movida a misericordia y se preguntaba cómo lo iba a cuidar. Fue entonces que la hermana del bebe salió al encuentro para ofrecerle ayuda en buscar quién cuidara al niño. La hija del faraón estuvo de acuerdo y se lo devolvió a la misma y verdadera mamá para cuidarlo. ¡Qué cosas tan extraordinarias hace Dios!
Estos padres no estuvieron dispuestos a cumplir con las órdenes injustas del faraón. Decidieron arriesgar sus propias vidas con tal de mantener al niño con vida. Dios los honró permitiéndoles crecer al niño durante la etapa más importante de su desarrollo. Sin duda que le enseñaron acerca del cuidado tan especial que Dios había tenido para con él. Sin duda que le hablaron acerca de un plan muy grande que Dios tendría para su vida. Eventualmente la hija del faraón reclamó al niño, lo adoptó como su hijo y se lo llevó al palacio a vivir con ella. Por cierto, le puso por nombre Moisés que significa, “Yo lo saqué del río.”


Si los padres de Moisés hubieran obedecido las órdenes del faraón, hubieran acabado con la vida del mismo libertador del pueblo judío. Si los padres hubieran considerado que el riesgo era muy grande, se hubieran lamentado eventualmente. Es por eso que Dios aborrece el aborto. Uno nunca sabe cuáles son los planes para ese niño o niña. Pero la Biblia nunca se equivoca cuando dice, “Tu sabes cómo fui formado, poquito a poquito. Como fui esculpido de nada hasta ser algo. Como un libro abierto, me viste crecer desde la gestación hasta mi nacimiento; todas las etapas de mi vida estaban abiertas para Ti. Los días de toda mi vida estaban todos preparados aún antes que yo viviera uno solo de ellos” (Salmo 139:16 – El Mensaje)

Saturday, January 24, 2009

DIOS PUEDE MARCAR LA DIFERENCIA


En Génesis 50 leemos acerca de un incidente muy triste. Jacob, el padre de José, murió. Esto causó gran conmoción en Egipto. Por siete días la nación entera lloró por Jacob. Después de esto José pidió autorización de Faraón para ir hasta Canaán a enterrar a su padre. Al ir a aquel lugar, le siguió una gran multitud de dignatarios egipcios juntamente con familiares y una escolta militar.


Es increíble lo que Dios hace en la vida de personas que se rinden por completo a El. Jacob había sido un usurpador. Se había aprovechado de su hermano Esaú para tomar la primogenitura que no le correspondía. En lugar de esperar el cumplimiento de las promesas divinas, creyó que estaba en todo el derecho de arrebatarlas. Por sus actos ilegales tuvo que huir de su hogar para vivir con su tío en un lugar lejano. Allí se enamoró de una mujer pero el padre de ésta lo engañó y le dio por esposa a la hermana mayor. Jacob tuvo que trabajar muchos años más para finalmente casarse con la mujer que amaba. Eventualmente tuvo que regresar a su casa para confrontar al hermano que había engañado. Dios le dio bendición y gracia para que su hermano lo recibiera e hicieran la paz. Sus hijos también engañaron a este engañador ya que un día vendieron a su hijo preferido, a José, y luego le dijeron que una bestia salvaje lo había devorado. Lloró amargamente esta terrible noticia.


¡Qué vida tan llena de tragedia! Pero que interesante que en el día de su muerte fue reconocido y enterrado con todos los honores que solamente un dignatario merecía. Que también así sea nuestra experiencia personal. Que a nuestro nacimiento la gente haya reído de alegría y que a nuestra muerte, la gente llore de profunda tristeza. Que sientan que nuestra vida hizo un impacto en ellos y no que suspiren de alivio por nuestra partida. No importa lo que hayamos sido, si aceptamos a Cristo como Salvador y permitimos que obre, El cambia nuestra vida.

Friday, January 23, 2009

¿POR QUE LLORO JESUS?


La lectura de hoy se encuentra en Lucas 19. Se nos cuentan varias historias, pero la más interesante es la de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Estaba ya cerca el tiempo de la Pascua. La ciudad estaba llena de visitantes que venían de diversos lugares para adorar. Y fue así que Jesús dio órdenes a Sus discípulos para que le trajeran un pequeño asno sobre el cual entraría a la ciudad. ¡La gente comenzó a aclamar a Jesús! Pero aun así, el relato bíblico dice que “cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella.” ¿Por qué esta reacción? ¿Acaso no era esto lo que Jesús tanto había esperado?

Jesús lloró porque nadie pudo reconocer los grandes prodigios que Dios había hecho en el pasado. La gente sabía que estaba en Jerusalén para participar en un ritual significativo. Pero se les había olvidado lo que esto representaba en verdad. La Pascua era un recordatorio de cómo Dios los había sacado de Egipto a pesar de la oposición de Faraón. Dios había enviado nueve plagas contra los enemigos de Israel. Ellos dudaron que Dios hubiera estado en medio de aquellas prodigiosas señales. Los mismos hechiceros de Faraón pudieron copiar algunas de estas señales. Pero lo que no pudieron hacer fue detener al ángel que Dios había enviado para quitar la vida a todo primogénito de Egipto. Tampoco pudieron detener a la gente de Egipto de darle al pueblo de Israel todo y cuanto tenían en oro. Finalmente, no pudieron hacer nada cuando Dios abrió el Mar Rojo para permitir que Su pueblo pasara en seco. Cuando los ejércitos de Faraón quisieron atravesar, Dios cerró el mar y allí mismo murieron todos los que perseguían a Israel. Egipto quedó en total ruina. La población entera estaba de luto, todo el oro había sido quitado y el ejército mismo había desaparecido. Ahora que Jesús entraba a Jerusalén, nadie había que recordara estas poderosas obras. Qué triste que hoy nosotros nos olvidemos de lo que Jesús ha hecho por nosotros. Qué triste que participemos de ceremonias tan significativas como la Cena del Señor mientras nos olvidamos de lo que en realidad estamos haciendo.

Jesús lloró porque la gente no estaba enfocando en Su autoridad, sino en los eventos que ocurrían en aquel mismo instante. No los emocionaba mirar que las Escrituras se estaban cumpliendo, sino el hecho de que Jesús había logrado domar un animal que no estaba acostumbrado a llevar carga alguna sobre su lomo. Sin duda que la gente se emocionó por la reacción de otros. Quizás ni sabían qué estaba ocurriendo, pero se unieron a la celebración. Así sucede hoy en día cuando quitamos el enfoque de Jesús y lo centramos en otras cosas que no nos ayudan en nada. Nos parece más importante quién canta que a Quien le cantamos. Nos parece más importante quién predica que a Quien predicamos. A veces no sabemos ni por qué aplaudimos o gritamos. Simplemente lo hacemos porque los demás lo hacen.

Jesús lloró porque los líderes religiosos estaban enfocados en lo que habría de suceder. Sus corazones y mentes estaban llenas de odio hacia Jesús y ya habían comenzado a hacer planes para matarlo. Para ese entonces, ya Judas estaba tramando cómo traicionar al Maestro. Ninguno de ellos pudo evaluar el hecho que delante tenían al Mesías tan esperado. Simplemente vieron amenazadas sus anémicas formas de buscar a Dios. ¡Cuántos de nosotros hoy en día somos como aquellos líderes religiosos! No queremos permitirle a Dios que obre en las áreas ocultas de nuestra vida. Nos incomoda que entre a nuestro corazón porque sabemos que encontrará muchas cosas fuera de orden.
Si Jesús entrara hoy a su vida, ¿se pondría a llorar? Recuerde que si usted mantiene vivo el recuerdo de dónde Dios le sacó, si mantiene un enfoque claro de adoración al entrar en Su presencia, y si perdura en la esperanza de que el Salvador viene pronto, no habrá razón alguna para que Jesús llore.

Wednesday, January 21, 2009

DIOS NOS HA TRAIDO HASTA AQUI


La lectura de hoy se encuentra en Génesis 45. Aquí se nos relata la historia del encuentro entre José y sus hermanos. Muchos años habían pasado desde la última vez que se vieron. Pero sin duda que en el corazón de José se amotinó una ola de recuerdos amargos: La maldad de sus hermanos al echarlo en el pozo seco; el momento en que lo vendieron como esclavo; la forma en que la esposa de Potifar lo acusó injustamente; su largo tiempo en la cárcel. Y todo esto había ocurrido a causa de este grupo de hombres que ahora estaba delante de él implorando ayuda.


¡Qué fácil hubiera sido exterminarlos a todos! ¡Qué satisfacción para José el vengar todos sus momentos de angustia y desesperación! Pero esto no sucedió. Después de echar a todos sus siervos de la corte, no pudo resistirlo más y se manifestó a sus hermanos. ¡Qué momento tan aterrador habrá sido para aquellos hombres malos! Para José fue un momento de llanto que todos en Egipto se enteraron. Este no fue un llanto de amargura ni de odio. Fue un momento de luz en el cual José finalmente comprendió el propósito divino. No eran sus hermanos quienes lo habían enviado hasta aquí. Era Dios que lo había puesto en el lugar correcto y en el tiempo apropiado para cumplir sus sueños y preservar la vida de sus hermanos. Las palabras de consuelo de José hacia sus hermanos son exquisitas ya que dijo, “Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas. Desde hace dos años la región está sufriendo de hambre, y todavía faltan cinco años más en que no habrá siembras ni cosechas. Por eso Dios me envió delante de ustedes para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra. Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes. Él me ha puesto como asesor del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto.”


Hoy podemos entender que cuando estamos conscientes de todo lo que Dios ha hecho a nuestro favor, no podemos aferrarnos a rencores ni amarguras. Lo que pasó ayer no fue simplemente lo que nuestros padres, hermanos, tíos o primos quisieron. En todo, la mano de Dios estaba allí para guiar nuestra vida y traernos al punto actual de nuestra historia. Así que dejemos a un lado los odios y pleitos por lo que nos hicieron. Demos gracias a Dios que en medio de la dificultad, Su plan y Su voluntad se cumplieron. Y aunque hubieran habido aparentes contratiempos, Dios los usó para manifestarse como nuestro Salvador. Amemos a los demás y demos gracias.

Tuesday, January 20, 2009

ACUERDESE DEL SAMARITANO


Hoy leemos en Lucas 17:1-19 acerca de la historia de los diez leprosos. Hay muchas lecciones interesantes que de aquí podemos aprender. Por ejemplo, la Biblia dice que Jesús atravesó la región de Samaria en su camino a Jerusalén. Sin duda que pudo haber elegido una ruta diferente para así no pasar por esta área en donde habitaban los más consagrados enemigos de los judíos. Pero para Jesús no hay diferencia de personas. El siempre pasa por donde nadie más quiere para ayudar a quienes tanto lo necesitan.


Al entrar a un pueblo, le salieron al encuentro diez hombres con una grandísima necesidad. Los diez estaban contaminados por la lepra. Esta era una enfermedad que comenzaba con la descoloración de la piel del individuo. Eventualmente se formaban unas úlceras que al secarse, causaban que la piel se cayera juntamente con la parte afectada. Esto producía serias deformaciones en la persona ya que podía perder la nariz, los dedos, las manos, las orejas, la mandíbula, etc. Al ocurrir esto, el individuo debía cubrirse por completo para no mostrar sus deformidades. Se envolvían la cara y las manos y esto los hacía fácil de identificar como enfermos. Siendo que la enfermedad era altamente contagiosa, las personas contaminadas debían ser expulsadas de los pueblos. Si entraban a algún lugar público, debían anunciarse como leprosos ya que si no lo hacían corrían el riesgo de ser apedreados. No tenían derecho de ver a sus familias ni mucho menos de presentarse en el templo. Unicamente el sacerdote tenía la autoridad de declararlos limpios y entonces podían reincorporarse a la vida social.


Esto es lo que aquellos hombres enfermos confrontaban. Pero no contaron con enfrentarse con Aquel que todo lo puede. En su terrible situación, habían escuchado hablar de Jesús, el Sanador. Se propusieron encontrarse con El y lo lograron. Antes que Jesús pudiera entrar a aquel pueblo, se interpusieron en el camino y desde la distancia le gritaron, “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!” Jesús no los tocó, no oró por ellos, no hizo lodo con su saliva y se los aplicó. Simplemente les dio una orden, “Vayan a presentarse a los sacerdotes.” Lo admirable es que aquellos hombres no dudaron. Inmediatamente obedecieron a Sus palabras. Por el camino, comenzaron a notar cambios. Sintieron el poder milagroso de Dios sobre sus cuerpos quebrantados. Se sintieron libres de aquellos vendajes que por mucho tiempo los había oprimido.


Uno de ellos se detuvo. Se dio cuenta que aquella sanidad no era mera coincidencia ni suerte. ¡Jesús lo había sanado! Sin duda que habló a los demás acerca de regresar al Sanador para darle gracias, pero nadie hizo caso. Pudiéramos pensar en más de nueve excusas por las que esos hombres no quisieron regresar. Pero aquel samaritano, siendo lo que los judíos consideraban lo más vil, sintió la urgencia de regresar para dar gracias a Dios.Hoy, piense en todo lo que Jesús ha hecho por usted. Le ha librado del pecado y la enfermedad. Nos ha permitido volver a reunirnos con nuestras familias que antes habían estado alejadas. ¿No cree que sea tiempo de ser agradecidos? Acuérdese de aquel samaritano. Recibió más grande bendición que los otros nueve.