Monday, January 19, 2009

DIOS ESTABA CON JOSE


Hoy leemos en Génesis 39 acerca de los eventos que ocurrieron en la vida de José al llegar a Egipto. Sus hermanos lo vendieron como esclavo a una tribu de ismaelitas que viajaban hacia aquel lugar. Una vez allí, ellos lo vendieron a Potifar, un funcionario de Faraón y capitán de la guardia. Tal parecía como que las cosas iban a mejorar para José. Estaba bajo el cuidado de una persona poderosa e influyente y vivía en un lugar donde no le faltaba nada y lo trataban bien.


Sin embargo, notamos que la esposa de Potifar se encaprichó con él y comenzó a hostigarlo. Constantemente lo molestaba para que se acostara con ella. Sin duda que esto aparentemente hubiera aumentado la influencia de José dentro de aquella casa. Pero su respuesta a estas propuestas indecorosas fue rotunda, “Mire, señora: mi patrón ya no tiene que preocuparse de nada en la casa, porque todo me lo ha confiado a mí. En esta casa no hay nadie más importante que yo. Mi patrón no me ha negado nada, excepto meterme con usted, que es su esposa. ¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios?” José estaba consciente de la confianza que su patrón le había otorgado, estaba sumamente agradecido con la protección divina y eso no le permitía pecar contra Dios cometiendo una falta tan terrible.


La mujer de Potifar se sintió ofendida por el desprecio de aquel muchachito. Finalmente lo acusó de intento de abuso y Potifar creyó esta terrible mentira y mandó a José a la cárcel. Lo que impacta mi vida son las palabras que la Biblia da acerca de esta situación, “Pero aún en la cárcel el Señor estaba con él y no dejó de mostrarle su amor.”


Quizás usted está pasando por alguna situación difícil que parece nunca acabar. Parece como que el mundo entero estuviera en su contra. No ha terminado de salir de una prueba y ya lo han involucrado en otra más difícil. La aparente solución sería pagar con la misma moneda. Lo más lógico fuera responder con el mismo tipo de ataque. Sin embargo, recuerde a José. Dios estaba con él durante las mas terribles experiencias de su vida. De la misma forma hoy, Dios estará con usted si usted se mantiene firme y evita mancharse con el pecado.

Saturday, January 17, 2009

CUIDADO CON LA ENVIDIA


La lectura de hoy se encuentra en Génesis 37. Y alli es donde aprendemos cuán terrible es la envidia. Pero, ¿qué es? De acuerdo al diccionario, es “consciencia dolorosa o resentida por una ventaja que otra persona ha disfrutado unida al deseo de poseer aquella misma ventaja.” En simples palabras, no tener lo que otros poseen.


El joven José disfrutaba de una ventaja que sus demás hermanos no tenían. La Biblia dice que su padre, “amaba a José más que a sus otros hijos, porque lo había tenido en su vejez.” Y José sabía que era el preferido. Esto se hace evidente cuando “solía informar a su padre de la mala fama que tenían estos hermanos suyos.” También, su padre le había mandado confeccionar una túnica de muchos colores la cual lo hacía sobresalir por encima de todos sus demás hermanos. Finalmente, para complicar las cosas aún más, José tenía sueños extraños en los que, a través de la representación de objetos comunes, veía a sus hermanos postrándose delante de él.


Todo esto llevó a los hermanos de José a odiarlo. Tanto fue el odio, que a la primera oportunidad, se deshicieron de él. Es interesante notar que pensaron en matarlo, pero como Dios estaba con José, su hermano Rubén se opuso a una acción tan drástica. Tristemente, lo echaron en una cisterna seca y mientras comían vieron acercarse una caravana de ismaelitas que iban rumbo a Egipto. Fue entonces que Judá tuvo la gran idea de vender a José como esclavo. Esta era una acción tan terrible como matarlo. Un esclavo ya nunca más tendría la posibilidad de ser libre. Un esclavo perdía todos sus privilegios y derechos. Lo peor de todo es que Egipto estaba demasiado lejos como para que un día lo volvieran a ver. Es como si en realidad lo hubieran matado. Aún así, Dios estaba con José.


La lección que hoy podemos aprender de nuestra lectura es que la envidia no trae nada bueno. Nos llevará a cometer acciones y a adoptar actitudes que pudieran destruir a otros. A la misma vez, si Dios nos ha favorecido, no debiéramos abusar de esa ventaja. Dios tuvo que alejar a José de todo y cuanto le era familiar para así cumplir el propósito perfecto en su vida. Cerca de sus padres y hermanos, José no lo hubiera logrado. Así mismo, permitamos que Dios cumpla Su perfecta voluntad en nosotros. El sabe muy bien lo que hace aunque hoy no lo podamos comprender. Y es por eso que no debemos envidiar las ventajas que hoy disfrutan los demás.

Friday, January 16, 2009

DISPUESTO SIEMPRE A SANARNOS


La lectura de hoy se encuentra en Lucas 14. Aquí aprendemos que Jesús fue invitado a un banquete en casa de un fariseo muy prominente. Es curioso notar que en esa fiesta estaba presente un hombre enfermo. Es difícil creer que esta persona hubiera sido invitada por aquellos hombres que presumían de ser tan especiales. Pero pudiéramos pensar en dos teorías:
Primero, que había sido traído ya que era el Día de Reposo y los fariseos querían ver qué era lo que Jesús haría. En otras palabras, lo habían llevado allí para tenderle una trampa. Segundo, este hombre era familiar del fariseo importante y no pudiendo reconocer el poder y la autoridad de Cristo, lo presentó en la fiesta esperando y deseando intensamente que Jesús lo sanara. Personalmente creo que la primera opción es la que mejor explica esta situación.


Jesús llamó a aquel enfermo hidrópico (esta era una enfermedad que causaba la hinchazón de todo el cuerpo debido a la retención de líquido) a que se pusiera de pie ante todos en la fiesta. El hombre obedeció y entonces Jesús preguntó a los líderes religiosos si era correcto sanar en el Día de Reposo. Siendo que nadie respondía nada, Jesús sanó al enfermo. Pero juntamente con la sanidad trajo una importante enseñanza. Si como humanos nos preocupamos por el rescate de una vaca o de un burro que se cayeran en un pozo, ¿cuánto más se ha de consternar Dios por nuestro bienestar?


Tristemente, nosotros escogemos lo bueno para nosotros y no nos interesamos por el bien de los demás. Entonces, al ver a otros en dificultades y estando nosotros sin problemas, se nos hace fácil criticar y juzgar duramente a otros. ¡Qué bueno es pensar que Dios no es así! ¡Qué maravilloso es saber que El siempre tomará el tiempo para llamarnos ante Su presencia! Y allí, delante de El, aunque otros critiquen, El estará presto para sanarnos.

Thursday, January 15, 2009

LECCIONES SOBRE COMO RECONCILIARSE


La lectura de hoy se encuentra en Génesis 33. Se relata la historia del encuentro entre Esaú y Jacob. Estos hermanos habían cometido muchos errores y en el proceso se habían herido gravemente el uno al otro. El dolor de la traición era tan grande que Esaú juró matar a Jacob (lea Génesis 27:41). Pero ahora el momento del reencuentro había llegado. Era una tarea muy difícil y Jacob temía por su vida. Pero es interesante notar que siguió ciertas pautas antes de salir al encuentro con su hermano.

Primero, Jacob dividió a su familia en grupos. Puso a algunos de sus hijos al frente de la caravana, a otros en medio y al resto al final. Pero dese cuenta que él mismo fue a la cabeza de todo el grupo.

Segundo, se postró siete veces antes de llegar a su hermano como una señal de respeto y sujeción. Note también que Jacob había enviado regalos delante de él para su hermano. Entonces la familia completa de Jacob se postró ante Esaú.

Finalmente, Jacob le habló a su hermano palabras bondadosas y tiernas. No hubo acusaciones ni griterías ni recriminaciones. Todas sus palabras fueron calmadas y nobles.

Hoy aprendemos la importante lección de cómo dar correctos pasos hacia la reconciliación con aquellos de quienes nos hemos distanciado por mucho tiempo. Primero, somos nosotros quienes necesitamos enfrentar la situación. No necesitamos enviar a nadie más para decir cosa alguna ya que debemos confrontar nuestros propios problemas. Segundo, debemos acercarnos a quienquiera que hayamos ofendido con una actitud de respeto y sujeción. No podemos hacer esto pensando en cómo hemos sido lastimados o cuán heridos hemos sido por los demás. Tercero, un regalo usualmente será señal de disponibilidad para resolver el problema. No tienen que ser un montón de camellos (eso fue lo que Jacob envió), pero quizás pudiéramos enviar los dulces favoritos de la otra persona o una tarjeta de regalo para su restaurante preferido. Cualquier cosa que fuera evidencia de un gesto de buena voluntad. También, debemos asegurar que aquellos a nuestro alrededor muestren el respeto adecuado a la otra persona a la que nos acercamos. Esto es muy importante ya que no debemos infectar a otros con nuestros propios puntos de vista. ¿Cómo podremos reparar la situación con alguien si hablamos de forma despectiva a los que nos rodean? Finalmente, debemos hablar palabras tiernas y nobles. No podemos acudir a alguien acusando y culpando. Debemos recordar lo que la Biblia dice en Proverbios 15:1, “La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego” (Nueva Versión Internacional).

Recuerde estas lecciones acerca de la reconciliación y le harán a su quebrantado corazón y a sus relaciones afectadas mucho bien.

Tuesday, January 13, 2009

OREMOS SIN DETENERNOS


En Génesis 30:22-44 aprendemos acerca de la historia de Raquel. Ella, juntamente con su hermana Lea, eran esposas de Jacob. Tal pareciera que ambas competían por el amor y la atención del esposo. Dios bendijo a Lea y ésta le dio a Jacob seis hijos varones y una niña. Pero Raquel estaba sumamente triste porque no podía quedar embarazada. Es indudable que ella oraba constantemente por un milagro en su vida. Esto se puede comprobar cuando la Biblia dice, “Pero Dios también se acordó de Raquel; la escuchó y le quitó la esterilidad.” Después de mucho tiempo, ¡Raquel pudo abrazar su milagro!



Hoy en día, ¿cuántos de nosotros somos como Raquel? Ella no se cansó de insistir en su plegaria ante Dios. No se dio por vencida hasta que no vio el milagro en sus brazos. Y aunque tuvo sus momentos de desesperación, no cedió a la derrota. Así deberíamos ser nosotros. Sigamos el mandato que la Biblia nos da, “Oremos sin detenernos.” Solamente así hemos de ver nuestro milagro hecho una realidad.

Monday, January 12, 2009

SEÑOR, ENSEÑANOS A ORAR


En Lucas 11:1-13 encontramos la historia de Jesús enseñando a Sus discípulos a orar. ¡Cuán increíble habría de ser ver a Jesús orando! Y sin duda que ese ejemplo es lo que motivó a alguno de los discípulos a decir, “Señor, enséñanos a orar…” Jesús les dejó un modelo de oración que hasta hoy es importante para nosotros.


Primero, debemos acercarnos a Dios reconociendo Su grandeza y Su relación con nosotros. El es “Padre.” No tenemos nada que temer al acercarnos a El. No debe haber en nosotros ninguna desconfianza. Sin duda que no todo lo que le pidamos nos dará, pero El será un Padre justo al respondernos. A la misma vez, debemos dirigirnos a El con gran respeto. El nos da Su confianza, pero no debemos olvidar nunca que El es Dios. Al santificar Su nombre, reconocemos que El está apartado de todo lo común y familiar con lo que nosotros estamos acostumbrados. El es único y Su nombre es sobre todo nombre.


Segundo, aún antes de presentar nuestras peticiones debemos pedirle que, “Venga tu reino.” Esto significa que buscamos Su voluntad antes que nuestra propia satisfacción. De nada sirve obtener lo que queremos si no tenemos Su autorización. Y aunque El no respondiera de la forma en que nosotros quisiéramos, sepamos darle gracias y esperar los resultados de Su decisión.
Tercero, hagámosle conocer todas nuestras necesidades. Desde lo más simple hasta lo más complicado, El desea conocer cada una de nuestras necesidades. Nada hay oculto para El. La Biblia dice que aún antes de que abramos nuestra boca, El ya conoce de lo que tenemos necesidad. Pero todavía desea oírlo de nuestra boca.


Finalmente, pidamos Su perdón. Aunque tuviéramos todo en este mundo, sin el perdón divino, no pudiéramos disfrutar de una vida normal. Recordemos que ningún otro puede perdonar pecados. Ningún otro puede amarnos después de nuestros fracasos. Entonces, podremos nosotros también perdonar a aquellos que nos dañan a nosotros. Porque debemos recordar que, “al que mucho se le perdona, mucho ama.”


Es tiempo de comenzar a orar. Quizás usted piense que no puede porque nos sabe cómo hacerlo. Pues entonces, el primer paso es hacer lo que hicieron los discípulos. Dígale hoy a Jesús, “Señor, enséñanos a orar.”

Sunday, January 11, 2009

NO VALE LA PENA


En Génesis 25:19-34 aprendemos acerca de Jacob y Esaú. Estos hermanos gemelos eran muy diferentes el uno del otro. El mayor, nació pelirrojo y cubierto su cuerpo de vello. Del menor no se hace mayor descripción, pero si se deja bien marcado que nació agarrado del talón de su hermano. Aún mientras crecían, estos hermanos llegaron a ser muy diferentes. Esaú se convirtió en todo un cazador a quien le gustaba el campo. Por el otro lado, Jacob llegó a ser un hombre más tranquilo y prefería quedarse en el campamento. Lo que en realidad agudizó el problema entre estos hermanos fue que “Isaac quería más a Esaú, porque le gustaba comer de lo que él cazaba; pero Rebeca quería más a Jacob.” Nunca un hogar podrá sobrevivir si los padres hacen preferencia entre sus hijos. Sean dos o diez, los hijos deben ser amados de igual forma.


Un día, Esaú llegó de su viaje de cacería y sintió gran hambre. Jacob estaba en casa cocinando y sin duda que lo que había preparado ese día olía muy rico. Esaú le pidió de comer, pero Jacob demandó recibir la herencia de la primogenitura a cambio de un plato del guisado que había preparado. Mucha gente ha juzgado a Jacob duramente de ser un engañador y abusivo. Sin embargo, Esaú no era mejor que su hermano. ¡Estuvo dispuesto a intercambiar la bendición de Dios por un momento de placer! De todas formas, desde antes que nacieran, Dios había establecido que el mayor seria siervo del menor. Y aunque esta no era la manera de hacer las cosas, Jacob se sintió justificado y Esaú pudo satisfacer su hambre.


Nos parecería que Esaú fue un tonto por cambiar toda una vida de bendiciones por un simple plato de guisado. Pero, ¿cuántas veces hemos hecho nosotros lo mismo al cambiar lo que Dios nos ha prometido por unos cuantos momentos de placer? Piénselo bien y llegará a la conclusión de que no vale la pena.